Último adiós
- Karen Vasquez

- 21 ago 2025
- 1 Min. de lectura

Entonces inclinando mi cuerpo hacia la camilla delicadamente le susurré:
—Tu alma no encontrará la paz que necesita una vez mueras. Quedaras como espíritu errante penando en el limbo por toda la eternidad. No habrá un dios que vaya a salvarte si tu misma no lo hiciste en vida maldita desahuciada.
Su cuerpo regordete yacía explayado por toda la cama como tomate desparramado. Me miró con el desprecio que siempre la ha caracterizado, pero al abrir su boca para amonestarme; como era habitual en ella; sus pulmones colapsaron.
Salí de la habitación con la conciencia liviana al tiempo que mis primos entraban con desespero.
Dicen que cuando el cuerpo deja de funcionar, el alma cae en agonía queriendo volver a entrar, pero al ver que no lo consigue entra en una especie de infierno sideral.
Y con el morbo que me invadía, me volteé y pude ver en sus ojos que el peso de mis palabras la atormentaría por toda la eternidad.
¿Te gusta lo que lees? Regálame un like y comenta. Recuerda ser siempre respetuoso, no utilices palabras obscenas e hirientes en tus comentarios.




Comentarios